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miércoles, 21 de agosto de 2019

Nicolás Romero, uno de los 101 héroes en la historia de México



“101 héroes en la historia de México”, de la autoría de Mario Tapia, recoge 101 biografías de personajes de nuestra historia. Abarca desde Nezahualcóyotl, nacido en 1402, hasta Alfonso García Robles, muerto en 1991.
En esa lista de 101 héroes, el número 56 es Nicolás Romero, el guerrillero de la Reforma y la Intervención Francesa.
“101 héroes en la historia de México” fue publicado po
r la Editorial Grijalbo, en la ciudad de México. Primera Edición en agosto de 2008.
El texto relativo a Nicolás Romero ocupa tres páginas del libro. A continuación se reproduce íntegro.


56
NICOLÁS ROMERO


Fue un jinete excepcional. Recorría las veredas de los estados de México, Michoacán y Guerrero cual si hubiera nacido cual guerrillero. Su instinto lo ayudaba a desaparecer cuando no quería ser visto y a atacar cuando nadie lo esperaba. Era una calamidad para el enemigo, que veía burlados sus intentos para cazarlo. El hidalguense jamás recibió instrucción militar, y sin embargo las tropas del mejor ejército del mundo se vieron incapaces de frenar las escaramuzas del “León de las Montañas”.


Sus manos estaban hechas para el trabajo duro. Su jornada laboral comenzaba muy temprano y terminaba tarde. Así es la vida de quienes tienen que trabajar para mantener a sus familias día con día. Desde joven tuvo la oportunidad de trabajar en la pujante industria textil que se desarrollaba en la Ciudad de México. Como textilero, gozó de cierta tranquilidad económica, aun y cuando no pudo ascender dentro de las clases sociales. Nicolás Romero luchaba por vivir al día. En varias ocasiones, de acuerdo con las ondulaciones de la economía nacional, cambiaba de empresa. Llegó incluso a trabajar en fábricas en el entonces lejano poblado de Tlalpan. En otras se dedicaba a .la agricultura. Así que cuando tuvo la oportunidad de servir a su patria, con la fortaleza de los justos, no dudó en hacerse a las armas.


Sus ideales eran republicanos y patriotas. No contaba con experiencia en las armas cuando se unió al grupo de Aureliano Rivera durante la Guerra de Reforma. Fue ahí donde aprendió la táctica y estrategia de la guerra de guerrillas. Sus operaciones tuvieron gran éxito y fueron de mucha importancia para la causa liberal. Con esa experiencia, Romero comenzó a forjarse como hombre, como guerrillero y héroe.


Cuando supo que un invasor extranjero pretendía controlar el país, no dudó en enfrentarlo. De inmediato se unió a las tropas de Vicente Riva Palacio y a su lado participó en las campañas de Michoacán, Guerrero, Querétaro y el Estado de México. Una y otra vez consiguió sorprender a las tropas francesas. Muy pronto, Romero se convirtió en uno de los enemigos más peligrosos del imperio de Maximiliano de Habsburgo.


Los franceses lo buscaron exhaustivamente. Durante días y meses siguieron su huella sin poderlo capturar, hasta aquel fatídico día en que se enfrentó al ejército imperial en la cañada de Papanzidán, en el estado de Michoacán. Después de una fuerte batida, Romero fue hecho prisionero y conducido a la Ciudad de México en donde se le juzgó. La sentencia era de todos conocida y fue fusilado el 18 de marzo de 1865 en la plazuela de Mixcalco.

domingo, 26 de mayo de 2019

Cuadernos de identidad: Nicolás Romero


Descarga Cuadernos de identidad en la siguiente dirección:
https://drive.google.com/…/1toNuV4_1YSkNjySffDqTUt-yM…/view…

Cuadernos de Identidad. Descárgalo
Hace diez años, en mayo de 2009 publiqué y puse en circulación el primer y único ejemplar de una revista llamada “Cuadernos de identidad”. Su objetivo era reunir la mayor cantidad de información posible acerca de Nicolás Romero, tanto el personaje como el municipio. Sobre todo, poner en circulación información que aunque ya existía, era difícil de conseguir.
Ese ejemplar se dedicó al personaje histórico Nicolás Romero. El material principal es una biografía escrita en 1895 por Antonio Albarrán: “Nicolás Romero, Guerrillero de la Reforma”. Se complementa con un artículo donde se mencionan algunos de los libros que cuentan anécdotas del personaje Nicolás Romero, la letra de un corrido de Nicolás Romero y un artículo que nos explica qué son los chinacos. Recordemos que a Nicolás Romero se le considera un ejemplo de los chinacos. Además, el ejemplar contaba con un buen número de ilustraciones de Nicolás Romero, lo cual también resultó interesante, al poder apreciar las diversas características físicas que le han dado los ilustradores y artistas a lo largo de los años.
Ese material, reunido en cuarenta páginas impresas en blanco y negro, más la portada y contraportada también impresas a color y los forros en blanco y negro, lo pongo a disposición de cualquier persona que esté interesada en el tema a través de una nueva edición, aunque esta vez electrónica en formato pdf. La idea es tome su camino, que llegue a todos los rincones del municipio y que en todas las escuelas puedan contar con este material. Una vez descargado, puede ser copiado, enviado por whatsapp, por correo electrónico.
Ayúdenme a hacerlo circular, que se conozca más del personaje, que todos sepamos un poco más de Nicolás Romero. Lo puedes descargar en el siguiente enlace:

martes, 16 de marzo de 2010

18 de marzo: Muerte de Nicolás Romero


Nicolás Romero fue capturado por las fuerzas imperialistas a finales de enero de 1865, en Michoacán. Fue trasladado a la ciudad de México, donde se le juzgó por las cortes marciales y finalmente fue fusilado en la plaza de Mixcalco,el 18 de marzo de 1865.


Del libro "Nicolás Romero, guerrillero de la reforma, se Antonio Albarrán, publicado en 1895, reproduzco la parte final, donde se nos cuenta del juicio y fusilamiento de Nicolás Romero.


Antonio Albarrán fue uno de los biógrafos de Nicolás Romero. Nació en Toluca hacia el año 1865. Fue un importante pedagogo del Estado de México. Nicolás Romero, guerrillero de la Reforma no se trata de una biografía en toda forma, es más bien una semblanza literaria escrita con amor y con los pocos datos que su autor pudo recoger personalmente de aquellos que conocieron al León de las Montañas. Pese a todo, sigue siendo uno de los documentos más importantes para conocer a nuestro personaje.

Título: Nicolás Romero, guerrillero de la Reforma. Capítuli IV.
Autor: Antonio Albarrán
Cuadernos de Identidad, Nicolás Romero, México, mayo del 2009.
Ilustración: Guerrillero republicano "chinaco" ante una corte marcial francesa. Tomado del "Cancionero de la Intervención Francesa" INAH, México, 2002.


El 16 de febrero de 1865 llegaba a México en compañía de diez de sus soldados, únicos supervivientes de la catástrofe en que había perecido la guerrilla.
Todos fueron entregados a corte marcial para su juicio.
Como la misión de ese siniestro tribunal era condenar a muerte a todos los acusados que se sometían a su jurisdicción, sospechóse en el acto cual era la suerte que se le esperaba a Romero, y se hicieron sin demora esfuerzos indecibles para salvarlo. Pronto llenó la ciudad un ambiente de simpatía que en vano trató de contrarrestar el Imperio con rumores calumniosos en contra de aquel.
Pero no por eso mejoraba la perspectiva de la suerte reservada al prisionero.
El diecisiete de marzo la gente se agitaba en la calle de San Juan de Letrán y entraba en masa en el edificio en que el tribunal de muerte dictaba sus inalterables veredictos. La sala tenía un aspecto sombrío en consonancia con su objeto, Los jueces, inmóviles pero implacables como el destino, ni siquiera se dignaban escuchar. ¿Para qué? Ya sabían que su deber era condenar a muerte indefectiblemente. En vano el fiscal Lafontaine, formulaba su requisitoria en la tribuna con acento monótono, sin subir ni bajar la voz, sin ardimiento de la convicción puesto que no existía; su misión era ya una práctica, un oficio, una entonación rutinaria y salmódica de los mismos cargos, hechos en poses aprendidas de memoria y sin cambiar palabras.
Para el fiscal Romero era un brigand, un bandolero, un malhechor; y había necesidad de ser muy severo con él, porque para eso habían venido los franceses, para acabar con la brigandege. En definitiva pedía para Romero y sus compañeros allí presentes la pena de muerte. Los procesados mostraban en la desgracia un estoicismo sereno que en nada desmentía su nombre de valientes y sufridos.
El sordo murmullo de cólera que en el público allí reunido produjeran las conclusiones del fiscal sólo era comparable con el que había producido la declaración del único mexicano que se mostró sañudamente hostil a Romero en su proceso; ese mexicano lo era Don Manuel Echávarri, dueño de aquel caballo en que Romero había huido de sus perseguidores cuando su mala estrella le había hecho herir en una riña a un panadero. El transcurso de siete años, la nacionalidad y el carácter repulsivo del tribunal que Echávarri tenía delante, los servicios prestados a la Patria por Romero, su conducta intachable como soldado, la popularidad de sus hazañas, la efervescencia que en su favor reinaba en la ciudad, los ruegos de muchas persona, nada de esto bastó para que aquel inexorable testigo tuviera un instante de generosidad y no declarase contra Romero. En más que en todos esos estímulos, que debían inclinarle a mostrarse magnánimo, estimaba sin duda la pérdida de su caballo. La nube suspendida sobre la cabeza Romero, en forma de aborrecimiento de un hombre. Por un leve daño causado a éste fatalmente, lanzaba al fin su rayo aniquilador.
El testimonio de Echávarri fue el único que decidió de la suerte del guerrillero, pues el de los franceses que, a cambio de la vida que éste les había perdonado una vez, fueran a declarar en su contra, no tenía valor ninguno: esos testigos no eran más que comparsa en aquella lúgubre representación.
La Corte Marcial pronunció en definitiva su acostumbrada sentencia de muerte contra Nicolás Romero y sus tres compañeros y amigos: el comandante Higinio Álvarez, el alférez Encarnación Rojas y el sargento Roque Pérez.
Al siguiente día, a las seis y media de la mañana, Nicolás Romero y sus tres oficiales eran pasados por las armas en la célebre plaza de Mixcalco.
La muerte de aquellos soldados de la patria había sido tan digna como su vida.
La valerosa abnegación y la serenidad perfecta de las víctimas delante de la muerte, habían despertado inmenso remordimiento en el ánimo de los verdugos, si éstos no hubiesen estado connaturalizados con la injusticia, la crueldad y el crimen.
El sacrificio estaba consumado.
Y he ahí como un pobre ciudadano, un oscuro tejedor, un humilde hijo del pueblo ennoblecido por la lucha y engrandecido por el holocausto, ha llegado a ser uno de los hijos inmortales de la República.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Nicolás Romero en el campamento en Zitácuaro



Nicolás Romero es uno de los personajes que no pueden dejar de mencionarse cuando se habla de los guerrilleros que pelearon durante la guerra de la intervención francesa en México. Igual aparece en libros de historia que en novelas y es el modelo a seguir cuando se describe a los chinacos.

El Fondo de Cultura Económica publicó una serie de libros denominada “Historias de México”, en la que se procura describir la vida cotidiana de los mexicanos en diferentes etapas de nuestra historia.

El volumen 8/tomo 2 de la serie, nos presenta el “Campamento en Zitácuaro”, de José Ortiz Monasterio, con ilustraciones de Andrés Sánchez de Tagle. Allí se nos describe a un campamento de soldados republicanos que pelean contra el ejército intervencionista francés, hacia 1864. Y claro, en la descripción no podía faltar la mención de Nicolás Romero, ni un dibujo que recreara a los chinacos.

A continuación reproducimos el fragmento correspondiente a Nicolás Romero, así como la ilustración que lo acompaña.

EL LEON DE LAS MONTAÑAS
En efecto, se oían las pisadas de los caballos que se acercaban a la casa. Primero pasó un grupo de hombres a pie que andaba con rapidez: eran los exploradores que se cubrían de la lluvia con sus sombreros y con unas capas impermeables hechas de hojas de palma. Después venía la vanguardia: unos treinta hombres montados en caballos flacos. Sus armas eran principalmente lanzas, pero alguno traía una pistola al cinto y otros más un viejo mosquete en el carcaj. Más adelante venía el cuerpo del ejército: hombres de a pie mezclados con jinetes.

A la cabeza de este cuerpo venía el general Vicente Riva Palacio, que se distinguía de los demás por el sombrero de fieltro que usaba con el ala derecha levantada, sus espejuelos y sus botas altas de charol. A su lado venía otro hombre en un brioso caballo, con un pañuelo rojo al cuello. El sombrero que portaba era ancho, de los que llamaban jarano, la chaqueta era de cuero y usaba, encima de los pantalones, unas chaparreras de color negro. Sus armas no eran las mejores pero sí muy variadas: llevaba en el cinto un revólver, y un sable en un costado de la silla; también tenía una lanza y, en el carcaj, un mosquete. Aquel hombre era la viva imagen del chinaco, es decir de los charros que no toleraban a los franceses y les hacían la guerra en las montañas.

Francisca notó que aquel chinaco llamaba la atención de Michel y le dijo:

-Es Nicolás Romero.

-¿”El León de las Montañas”? -preguntó Michel, algo impresionado,

-Ese mero.

lunes, 8 de marzo de 2010

Nicolás Romero: Testimonio de historia Mexicana.


En 1973, el Ayuntamiento de Nicolás Romero, Estado de México, publicó un folleto biografico acerca del personaje en cuyo honor recibió su nombre el municipio. En la entrada anterior de este blog presentamos una pequeña parte del folleto, en esta ocasión, lo concluimos.


Ilusración: Portada del folleto biográfico, publicado en 1973.


TESTIMONIO DE HISTORIA MEXICANA
Por: Jacobo Dalevuelta.

Como el inmortal Nicolás Romero, añoro el aroma único de los jardines de Michoacán. Y en la visión maravillosa del pasado, encuentro a este formidable guerrillero, patriota generoso, en las tardes en que merced a un paréntesis de quietud para la fatiga, echado sobre el césped esmeralda del campo y dejando en la vaguedad de un recuerdo su mirada hacia más adentro, hacia las otras tierras queridas por él. Creo, me imagino al mestizo de treinta y cuatro años, suspirar a sus montes eternamente verdes y ricos de maleza. Y le sigo al Ajusco que guarda el secreto de la leyenda de Los Cuatro Soles. El alma de Nicolás Romero se modeló en esta cumbre azul como mi grande ilusión. En el Pico del Águila, nido de cóndores, este León de las Montañas, aprendió a ser inmenso como ellas, fuerte como sus rocas, inabordable como las cimas que corona siempre la inmaculada sabana de nieve. Junto al Zarco, que inmortalizó la pluma del incomparable Altamirano y junto a Riva Palacio, que llevó su valor y paseó su penacho de Caballero Poeta por esas tierras prodigiosas de Ziran Ziran, la figura de Nicolás Romero aparece y se eleva sobre ellas y sube a la inmortalidad cuando las balas extranjeras disparadas por las manos de los traidores, cegaron aquella existencia generosa y útil, puesta al servicio de la Patria. Y me parece que, por las noches, vague Nicolás Romero, de Mixcalco a Zitácuaro, repitiendo su canción, romance del amor doloroso: Una mujer angustiada llora por su prisionero: ¡Que le vuelvan a su hachero el de blusa colorada! Y sigo con él en sus marchas bajo los pinares que huelen a delicia y le busco en el campamento, pensando y suspirando por aquella chaparrita que robó su corazón en Toluca y voy a su lado en su marcha final hacia el patíbulo que lo inmortalizó. Y, sintiéndole grande y ejemplar por su sencillez y por su valor, escribo estas líneas que procurarán reunir algunos de los aspectos más interesantes de su vida, pensando en los charros del campo, los auténticos, que ignoran el mal a fuerza de conocer tanto el bien. Y canto a Nicolás Romero, con versos de corrido, con versos de aquellos que se escriben al abrigo, al calor de la fogata, cerca del rancho, bajo la entornada ventana que adornan de noche la luz de las estrellas, y de día, las macetas con flores de amapola y con dos ojos garzos que, cuando se entornan, hacen nublar la luz del sol. NOTA: En ocasión del centenario del sacrificio de Nicolás Romero, publicamos como un testimonio de historia mexicana, el trabajo que escribiera hace años, el connotado periodista Jacobo Dalevuelta (Fernando Ramírez de Aguilar) y que hemos rescatado del amarillento Suplemento del periódico El Universal de la ciudad de México, correspondiente al 17 de marzo de 1929. La bibliografía sobre Nicolás Romero, guerrillero de la Reforma y la Intervención, es bien escasa, por lo que, consideramos que esta mención, encaja en la conmemoración que celebramos en ocasión del centenario. Quiero escribir, oyendo a mi lado una canción en tono mayor, canción mitad amor y mitad picardía; pero bella, canción que salga para envolverse con la blanca nube perfumada de un vaguero y que vaya a conmover el sentimiento de una mujer: Muchachas del Cuirindal, esas de Cuirindalillo... Y ahí va la historia de Nicolás Romero... ...Y dicen que dicen que Miramón es el diablo... y dicen que dicen... que es el mesmo Lucifer, y anda y dice a ese valiente que yo soy su tata del y que si es el mesmo diablo, yo seré su San Miguel... Un son semejante debe haber mecido la cuna ranchera de Nicolás Romero. Hasta hace poco se creyó que la primera luz se la había enviado a través de los cedros, la montaña de Tlalpan; pero ahora sabemos que Nicolás nació en Nopala, Hgo. Esto acaba de descubrir uno de los más estudiosos periodistas de provincia. Nació entre las magueyeras, en la lejanía del año treinta a treinta y cuatro. Y como, acaso su alcoba haya sido el jacal democrático, en la primera mañana de su vida, debe haberse arrullado con la sinfonía maravillosa de El Alabado, canto de iniciación para el trabajo o de adiós para el sol que cae, día tras día, y que la voz campesina dedica al tinacal... Y su niñez fue obscura. Manuel Romero, su padre, y María Gertrudis (el nombre denuncia a la mujer india), murieron ignorantes e ignorados. Y un día Nicolás apareció, allá arriba, en la tierra alta donde puede respirarse la pureza creadora del viento montañero, Tlalpan, risueña; la ciudad tan querida y que esconde su belleza como lo haría la modestia de una campesina, fue para Nicolás Romero su segunda tierra. Y es que, esa arcilla tlalpense que huele a tomillo en las tardes de lluvia, tiene su embrujo... Sí, embrujo... Acaso sean los altos pinares que se perfilan caprichosos en sus atardeceres magníficos, cuando rompen el azul inmaculado de su cielo, los enormes pájaros blancos que allá en Centroamérica, son precursores del fin de los inviernos. ¡Cuántas veces he visto cruzar, bajo la comba azul de Tlalpan, esos Alzacuanes que parecen sentir intensa voluptuosidad con bañarse de la última luz vespertina y recibir las suaves primicias de un plenilunio. Algunos historiadores afirman que su infancia la pasó en San Ángel, protegido por el cura lugareño y que aprendió a leer y a trabajar en la fábrica de Contreras; pero Riva Palacio, rectifica esta versión y coloca la primera juventud del más grande guerrillero, sólo comparable al que creo la fantasía de Nervo, en Tlalpan, en la montaña en cuya falda están los cimientos de las fábricas de hilados. Y yo, pienso lo propio y me parece ver a este menestral humilde, en sus paseos dominicales a la dorada San Agustín de las Cuevas, detenerse frente a la injuria de las enormes masas cubiertas de planta, ante las cuales se refocilaba, la sensual y asquerosa figura de su Alteza Serenísima, don Antonio López de Santa Anna. No sólo ha servido la riente villa de la tierra de arriba para admirar a su belleza y para atraer con su misterio de encanto. En diversos tiempos, gentes de pocos escrúpulos, también la han encanallecido. Y allí frente a las mesas de la partida y bajo los toldos quitasoles de los palenques de gallos, entre los ruidos ensordecedores del gritón y la valona de la encantadora, me figuro encontrar al obrero textil, mudo, severo, indignado de aquella soez injuria. Y del telar que canta su himno de labor, partió una ocasión Nicolás Romero y cambió el huso, por la bruñida lanza de acero con la que más de una vez tomara sarta convulsa de traidores. Con su lanza de cañutos cabalgando pencos brutos... ¡qué gentil se ve el gandul! La nota más antigua que hallo respecto de su vida de soldado, marca el año 1860. El 24 de diciembre, entró a la Metrópoli a las órdenes del general Aureliano Rivera, durante la Guerra de Tres Años. Y de allí marchó al Estado de México. Mejía, por el año de 64, los persiguió obligándolo a internarse para Michoacán, la tierra de tan esclarecidos patriotas. Y un día, estuvo frente a Zitácuaro, y allí se presentó bajo las banderas de la República, a ese patricio que descendía de la sangre de Vicente Guerrero. Nicolás, a la cabeza de cien jinetes se presentó al coronel Riva Palacio y se puso a sus órdenes. Era de treinta a treinta y cuatro años. Mestizo en que predominaba la sangre indígena, su color era obscuro y terso, lampiño, de ojos pardos, que de cuando en cuando relampagueaban, llenos de fuego, pero que de ordinario miraban humildemente. Era bajo de cuerpo, delgado y tenía en el carrillo derecho una pequeña cicatriz, consecuencia de una herida que recibió durante la Guerra de Reforma, en un combate cerca de Cuernavaca. Retraído en su trato, parecía el de un hombre enteramente pacífico. Vestía tricot negro y sombrero de fieltro. Cualquiera, al verlo, hubiera creído tener al frente a un humilde vicario de cura. Y como jinete dicen sus biógrafos, pocos había entonces. Y es mucho decir. Un hombre de lanza y blusa roja, por regla general, era todo un señor sobre su caballo. Nicolás Romero, coco de la frailuna, fue un brazo derecho de Riva Palacio. Y allí están: Angangueo, Venta del Aire, El Tulillo, Metepec, Ayala, Ninijí e Ixtlahuaca y cien pueblos más en donde El León de la Montaña, derrotó a los altivos franceses y castigó a los odiados traidores. Y su fama corría de boca en boca y su figura atraía a las rancheras de la región. Pero Nicolás Romero, como en el poema vernáculo, sus ternuras eran sólo para esa chaparrita, dice Salado Álvarez que la mimaba. Hay mil hazañas que relatar de este guerrillero que lucía en el combate su valor y su generosidad en la victoria. En la Hacienda de Ayala, un 12 de septiembre de 1864 rompe un sitio que le puso el general Cuevas, toma prisioneros, lanceros franceses, austriacos y traidores y cuando sus clarines tocaban la victoria, liberta a los prisioneros, les socorre y les aconseja no servir por la odiosa causa de una corona mandada desde Europa. ¡Sólo un chinaco, era capaz de estos actos!
LA EPOPEYA DE VENTA DE AIRE
Fue acaso en Venta del Aire, donde Nicolás Romero, coronel del cuerpo Zaragoza, glosó en su vida una estrofa máxima, como un himno triunfal. De México habían avisado a Riva Palacio que el capitán Becker saldría de aquella capital con una pequeña escolta rumbo a Morelia, llevando de parte de Bazaine, pliegos e instrucciones verbales para don Leonardo Márquez. Becker, que es hoy general de la más alta graduación en el ejército de su país, es ruso de origen y vino a México en los días de la Intervención Francesa, para hacer su práctica de guerra. Era entonces muy joven; pero se distinguía ya, por su talento e instrucción en la Ciencia Militar. Forey lo colocó de ayudante de Márquez, y con este jefe hizo gran parte de su campaña. Esa era la importancia del enviado de Bazaine. Márquez, desde Morelia, dispuso la salida de contingentes para protegerlo y movió al Mocho Oroñoz, desde Maravatío y al coronel Camarena, renegado. La orden fue concreta. Riva Palacio mandó a Nicolás Romero para batir a los enemigos y capturar vivo al enviado del mariscal francés. En el relato cronológico que hace el erudito historiador michoacano don Eduardo Ruiz, dice: ...Así las cosas, Romero partió de Ayala a la una de la tarde del día 13 yendo a pernoctar a la Hacienda del Mayorazgo. El 14 continuó su marcha rumbo a Tabasco y llegó al Puerto de Medina como a las dos de la tarde, hora en que Camarena escoltando ya a Becker, regresaba a la Jordana y en que Oroñoz rumbo a esa hacienda, había salido de la Tepetongo. Tenía pues, Romero un amplio espacio entre las dos fuerzas enemigas y supo aprovecharse de esa circunstancia Y fue el combate fuerte y recio y nuestro chinaco atrevido y vigoroso, diezmó una vez más a la falange de enemigos. Becker, el enviado de Bazaine, quedaba aislado y dos lanzas llegaron a tocarle el pecho, pero en medio del tumulto consiguiente de la batalla, el León tuvo los golpes certeros de sus soldados y tomó la presa, viva, sana, intacta. Y el soberbio ruso, que llevaba la sangre innoble de los zares asesinos, rindió su espada, ante la majestad del campamento al obrero de Tlalpan, convertido en un soldado de la República y aureolado ya por las caricias de la victoria. Y fue hasta su jefe y le entregó al prisionero. Y marchó a Zitácuaro, nidal de hombres. Las mujeres alfombraron una vez más de flores de sus bosques, el paso de aquel chinaco, que glosaba las fiestas moviendo a su caballo, como puede moverse a un niño bueno. Aquí me parece asistir a una Canacua Florida.
EL OCASO
Una agorera mariposa negra, marcó el ocaso de este héroe magnífico. Fue en Papatzindán (y no Apatzingán, como erróneamente, afirmaron los mochos de la época), por Carácuaro (de donde surgió el único Morelos), donde Romero tuvo su ocaso. Era noble y era amigo. Salazar, un general desobediente de la República, tenía que ser batido fue Nicolás el enviado para castigarlo. ¿Por qué me mandan a mí a pelear contra los liberales, cuando hay por aquí tantos franceses y traidores? Pero iba triste y acaso sentía ya en el fondo de su alma que su deber lo llevaba hasta el patíbulo. Cuentan sus historiadores que: el segundo día de marcha, observó Romero que el coronel Pedro García, le pasaba con frecuencia la mano por la espalda, como tratando de quitarle algún insecto ponzoñoso. Después de muchas veces de esta operación, preguntó Romero: ¿Qué me quita usted? ¿Son jicotes? No, coronel; es una mariposa negra que vuela y vuelve a pararse en la espalda de usted. ¿Una mariposa negra? ¡Con razón digo yo que en esta expedición me va a ir mal! Y así llegó a Papatzindán... 31 de enero de 1865. Había mitote y había ruido. El coleadero estaba en su más brillante escena y una mujer le bebía los alientos al guerrillero. Y en la fiesta se cantaba la valona. México lucido dónde está el Virrey caballos tordillos coches de carey. Y no gustó aquel canto y entonces Nicolás repitió su copla: Una mujer angustiada llora por su prisionero: ¡Que le vuelvan a su hachero el de blusa colorada. Y bajo muchas blusas coloradas palpitaron los corazones y echaron fuera suspiros de amor. Y fue la escena brillante en que Nicolás demostró su destreza charra; pero vino el accidente nefasto y cayó con todo y potro. Y charro y bestia se perdieron en el polvo levantado y un grito de angustia acalló las últimas notas del rasgueo de las guitarras. El chinaco estaba lastimado de una pierna. Y las expertas manos curanderiles cayeron sobre aquel hueso dislocado. Había en el ambiente esa tremenda pesadez precursora de las grandes crisis. El francés preparaba la emboscada. Y aquella mañana, los chinacos dormían y en el potrero, los caballos descansaban sus grandes fatigas. Sólo un hombre velaba por sus hermanos. Sólo Nicolás estaba despierto ensayando andar, soportando el intenso dolor de su pierna herida. Y sonó un disparo que fue como una voz de alarma. El coronel De Portier con el 81 de línea, estaba enfrente a la población. La tragedia. Nicolás Romero fue descubierto por un zuavo que perseguía una gallina para robarla. El animal voló hacia un árbol salvador y entre sus ramas, apareció la cara de una hombre. Un zaragoza, gritó el invasor. Fue capturado. Según unos autores, tocó a un traidor identificarlo; pero según otros, la nobleza de Nicolás Romero lo hizo denunciarse. Dicen, que traía prisionero a un oficial belga. Que cuando fue detenido llamaron a este oficial para preguntarle si conocía quién era el preso. El belga no tuvo valor para ser delator de un hombre tan valiente como Nicolás Romero. Los franceses amenazaron al belga con fusiles y entonces, el gran chinaco dirigiéndose a ellos les dijo: Dejen en paz a ese joven que nada tiene que ver con ustedes. Yo soy Nicolás Romero. ¡Apenas si lo creían! El León de la Montaña estaba encadenado.
LA MUERTE DEL HEROE
La importancia de la captura de Nicolás Romero, se mide por el tono despectivo que usó el conservador Calendario de Galván, en sus Efemérides. Romero, le llama a secas, cuando dice que una mañana fue traído a la ciudad y que pasó por la Alameda, en la hora precisa de una alegre matiné burguesa y metropolitana. Nicolás Romero no puedo ser indultado por la llamada magnanimidad del iluso príncipe de Habsburgo y murió en el patíbulo. Dos años más tarde, la justicia demarcaba con la señal indeleble de su dedo, la sangrante cabeza del llamado Emperador, en la magnífica fiesta de la reivindicación de un pueblo, en el Cerro de las Campanas.
MIXCALCO
Se llevó a este héroe a una Corte Marcial inexorable, criminal. El 17 de marzo de 1865, firmaban su sentencia máxima. Y a la mañana siguiente, en un amanecer de primavera, florido y oloroso a roja amapolita ribereña, se consumó la tragedia. Don Juan A. Mateos, la describe así: MIXCALCO En aquel lugar triste y apartado, debía tener su desenlace ese drama. Se oyó un rumor en la multitud; el movimiento uniforme, simultáneo de las armas de los franceses produjo, con la naciente luz del sol, un relámpago siniestro que cruzó por encima del agrupado pueblo, y Nicolás Romero, sereno y animoso, casi indiferente, penetró en el cuadro en unión de otros dos oficiales que iban a sufrir su misma suerte. Infinitas precauciones había tomado la plaza para llevar a efecto la sentencia: la popularidad de Romero y la notoria injusticia del procedimiento, hacían temer una sublevación popular. Se había adelantado la hora: la guarnición estaba sobre las armas, la artillería lista, las patrullas y la gendarmería en movimiento, y sobre todo, la policía secreta, esa víbora que brota como la yerba venenosa de los pantanos, del seno de los gobiernos impopulares, en una actividad espantosa. Romero fumaba desdeñosamente un puro, los dos oficiales que le acompañaban y que también debían morir, eran: un subteniente que había sido el mariscal de un escuadrón de la brigada de Romero y el comandante Higinio Álvarez, Jefe de los exploradores de la misma brigada. Romero iba envuelto en la misma capa que usaba en campaña, y Álvarez en un sarape tricolor que imitaba la bandera de la República. ¿Para qué referir la ejecución? Los tres murieron con tanta sangre fría y con tan orgulloso desdén, como si no fueran a morir. El sargento francés dio a Romero el golpe de gracia, y sin embargo, como si aquella alma de gigante no hubiera podido desprenderse del cuerpo, al conducir el cadáver de Romero a su última morada, hizo un movimiento tan fuerte, que rompió el miserable ataúd en que lo conducían sus verdugos. El pueblo se dispersó sombrío y cabizbajo. A las diez de la mañana de ese día, la tierra había secado otra parte, y los vientos habían borrado con su polvo, los últimos rastros.

EN PAZ
Y esa fue la historia del León de las Montañas. Cada vez que veo en el campo a un charro de piel bronceada por el sol de toda su vida y las manos encallecidas por el duro trabajo de la tierra, pienso en que se alimenta con la misma savia que forjó el espíritu de Nicolás Romero, héroe de la gleba; héroe sin mácula. Y cuando, muchas tardes he visto caer el sol tras de los altos pinares de Tlalpan, paréceme como si el viento vespertino que se me antoja, empuja a la luz del día hacia un confín de misterio, llevara el eco de una canción épica, del corrido de Nicolás Romero, cantado por la gente arrabalera, interesante y buena, que hace aflorar su corazón en cada palabra. En esos momentos siento intensamente que no vivo solo; que en los sencillos que envuelven su desnudez y su amor en la tilma policroma que cobija y que calienta, hallaré siempre una nota mejor de optimismo y de vida. Y volviendo a mi recuerdo y oyendo en el ensueño el rítmico sonido de las guitarras, paréceme escuchar, como si el viento de la tarde nos trajera, ecos de una corrido, al comenzar: Señores: voy a cantar y canto siempre el primero lo que en Mixcalco pasó al gran Nicolás Romero...

sábado, 6 de marzo de 2010

Nicolás Romero


En diciembre del año de 1973, el gobierno municipal de Nicolás Romero, Estado de México, publicó un “Folleto Biográfico de Nicolás Romero, Ilustre Reformador”, con motivo del aniversario del natalicio de este personaje. En la presentación del folleto, el entonces presidente municipal, Arturo Sánchez Martínez, anunciaba que “el H: Ayuntamiento ha recopilado en este folleto los datos biográficos del León de las Montañas con el deseo de que la Ciudadanía y sobre todo la juventud estudiosa de nuestro Municipio, conozca aunque sea brevemente, la vida de este Personaje cuyo nombre lleva esta porción de tierra de nuestro Progresista estado de México.”
Hoy en día es sumamente difícil encontrar un ejemplar de aquel folleto. A continuación ofrecemos un fragmento de él, y poco a poco, les presentaremos el resto.
Ilustración: Portada del Folleto Biográfico de Nicolás Romero. La imagen es por cortesía del Cronista Municipal de Nicolás Romero, Gilberto Vargas Arana.


NICOLAS ROMERO Por: Carlos J. Sierra.
La dramática lucha de los republicanos en contra del ejército invasor francés, durante la guerra de intervención es el mejor testimonio de patriotismo. En rudo lapso que circundó aquella epopeya liberal, cubrió en el regazo de la muerte el tributo que pagó la patria por su inmaculada libertad.
De aquellos sacrificados en aras de la justicia republicana, figura el coronel Nicolás Romero, nacido el 6 de diciembre de 1827 en la población de Nopala, perteneciente por aquel entonces al Estado de México y hoy, al Estado de Hidalgo.
Romero fue de cuna humilde, y desde pequeño, su sola instrucción fueron las faenas del campo; posteriormente, aprendió el oficio de tejedor y se alejó de su tierra original, para ingresar a trabajar en diversas fábricas textiles; una riña al parecer intrascendente, le abrió el camino de la guerra, y buscando refugio de la persecución judicial, lo encontró peleando en contra de la reacción en la Guerra de Reforma; ahí empezó su vida de guerrillero que se fue prolongando hasta la intervención francesa, asistiendo a la victoriosa acción del 5 de mayo de 1862, en Puebla, donde fueron derrotados los invasores; al año siguiente, después de que cayó gloriosamente esta plaza, Romero se internó en la llanura y el monte para sostener escaramuzas y una hostilidad continua contra los invasores; sus fuerzas fueron sorprendidas en febrero de 1865 en Papazindán, y en el fragor de la lucha sucumbió su guerrilla, y el coronel Nicolás Romero fue hecho prisionero, junto con el teniente Silvano Gómez y otros jefes republicanos.
El 16 de febrero de 1865, llegó a la ciudad de México en compañía de diez de sus soldados, junto con el teniente Gómez, como únicos supervivientes de la catástrofe PAPAZINDAN; fueron entregados a la Corte Marcial que inícuamente los juzgó parcialmente, y con el único fin de dar muerte al valeroso guerrillero. El 17 de marzo se pronunció el fallo y el 18 de marzo de 1865, a las seis y media de la mañana fue fusilado en compañía del comandante Higinio Alvarez, el alférez Encarnación Rojas y el sargento Roque Pérez; otro de los prisioneros, el teniente Silvano Gómez, permaneció detenido, aunque meses más tarde, continuando la acción valerosa de Nicolás Romero, en 1866, siguió luchando en defensa de los ideales republicanos.
El sacrificio del guerrillero y sus acompañantes, lo recordamos, ciertos de que el esfuerzo de aquellos hombres, permitió el triunfo de la república sobre el imperio.

jueves, 4 de marzo de 2010

Coronel Nicolás Romero, un héroe en entredicho

Por los eminentes servicios que prestaron durante la guerra de intervención francesa, el General Vicente Riva Palacio y los Coroneles Manuel Peña y Ramírez y Nicolás Romero, fueron declarados Beneméritos del Estado de México por el congreso en el año de 1868.
“Benemérito” significa digno de recompensa, es aquel que ha hecho suficientes méritos para merecer un reconocimiento. En esa situación consideró el congreso de 1868 que se encontraba Nicolás Romero y de allí que se le declarara Benemérito del Estado de México.
Por sus méritos, además, Nicolás Romero es el nombre que se le dio a este municipio, así como a diversas calles en varios estados del país.
Al declarársele Benemérito del Estado de México, se reconoció la importancia de su participación en la guerra de intervención francesa y se aceptó, sin lugar a dudas, su carácter como uno de los héroes patrios.
No obstante todo esto, en la actualidad no se tiene una imagen favorable del coronel Nicolás Romero en todo el Estado. Si revisamos la monografía municipal de Cuautitlán Izcalli, misma que fue publicada por el gobierno del Estado, en ella se dice: “Si bien se tiene a Nicolás Romero como un héroe de nuestra historia y hasta un municipio mexiquense lleva su nombre, aquí nos encontramos con un mal antecedente de esa persona.”
Dicha monografía municipal afirma que “la invasión francesa fue el pretexto para que se formaran cuerpos guerrilleros que trataban de expulsar al invasor, pero también hubo otros que se dedicaban al saqueo y robo en los pueblos.” En este ultimo caso, pone como ejemplo a Nicolás Romero, e informa que en 1863 éste robó a la iglesia del pueblo de San Miguel Tlaxomulco.
Por otra parte, la monografía municipal de Jiquipilco, igualmente publicada por el gobierno del Estado de México, informa que el 20 de junio de 1863 se presentó en ese pueblo el coronel Nicolás Romero, quien se llevó un macho y un caballo de la casa del cura.
Indiscutiblemente, la participación de Nicolás Romero como guerrillero fue polémica. Mientras que para los conservadores era un vulgar bandolero, para los liberales se trataba de uno de los héroes patrios. Lo que resulta lamentable es que actualmente se le siga considerando dentro de esas dos opciones y que en libros publicados por el gobierno del estado den una mala visión de Nicolás Romero al mismo tiempo que éste mantiene su categoría de Benemérito del Estado de México.

jueves, 25 de febrero de 2010

Nicolás Romero. Brújula Metropolitana

En la búsqueda de información acerca del Coronel Nicolás Romero, encontramos el blog Círculo de estudio: Brújula Metropolitana (http://circulodeestudios-centrohistorico.blogspot.com/), que publica, entre otras cosas, las efemérides del día. En la fecha correspondiente al natalicio de Nicolás Romero, 6 de diciembre, aparece una breve biografía del personaje, que a continuación reproducimos, incluyendo también la misma imagen.


Efemerides del 6 de diciembre.
1827. Nace en Nopala, hoy Estado de Hidalgo, Nicolás Romero, quien será primero campesino y obrero de ideas liberales y luego guerrillero Por su arrojo será considerado como el prototipo del guerrillero. y se recuerda como "El Leon de las Montañas", Es considerado el prototipo del charro mexicano por su valentía y amor a la patria,une la vieja tradición campirana del trabajo ganadero con la valentía del jinete y soldado de caballería que con gusto combate y da su vida por la Patria. En Nicolás Romero nace una nueva definición del hombre de a caballo nacional, sumando los trabajos del campo a reata de ixtle con las temibles cargas de la caballería mexicana a punta de lanza y filo de sable, resultando de ello El Chinaco, siendo la Intervención Francesa la única época de la historia mexicana donde este personaje ha hecho acto de presencia en los campos de batalla.
Como buen charro, le encantaba bullir su caballo, arrancarlo y rayarlo con singular donaire. Entre sus numerosos hechos de armas, se cuenta que atacó a la vanguardia de las fuerzas del General Leonardo Márquez, por los flancos, con sólo cuarenta hombres, dejando tendidos en el campo más de cien cadáveres antes que los imperialistas se reorganizaran. Al iniciarse la Guerra con Francia, Romero servía en una Fuerza del Segundo Distrito del Estado de México que aprendió el arte de la guerrilla y por tanto, con sus regimientos destrozaban a franceses e imperialistas en el fondo de las cañadas mexiquenses, en lo alto de los cerros michoacanos y en las campiñas y lomas de Hidalgo, participará con Aureliano Rivera en las Guerras de Reforma y de Intervención francesa. También por sugerencia de Benito Juarez, luchará al lado del general Vicente Riva Palacio. En 1865 El Coronel Romero será aprehendido en Papatzindan Michoacán mientras participaba en una charreada, e clero y la prensa solicitan el indulto a Maximiliano , quien deja la responsabilidad en manos del Mariscal Aquiles Bazaine quien, ofuscado por que Romero habìa fusilado a varios soldados franceses para desquitar la muerte de Melchor Ocampo, sin miramientos firmó su sentencia de muerte. Envuelto en un sarape de Saltillo Es fusilado en el Mercado de Mixcalco de la ciudad de México.

sábado, 20 de febrero de 2010

Nicolás Romero: Los chinacos durante la intervención francesa


Fragmento tomado del libro inédito Historia de la charrería, 1991, México.
Autor: Juan Ignacio Rodríguez Cervantes (Médico, charro y cronista de la charrería)
Ilustración: Estatua de Nicolás Romero en la Plaza Principal de Nopala de Villagrán, Hidalgo.

Durante la intervención, el general Vicente Riva Palacio estuvo al frente de una corporación de chinacos, a cual más llenos de valor y patriotismo. Él, nació en la Ciudad de México el año de 1832; murió en Madrid, España, en 1896. Fue hijo del abogado Mariano Riva Palacio y de doña Dolores Guerrero, hija de Vicente Guerrero, consumador de la Independencia. Se distinguió en numerosas combates, contando entre sus grandes jefes a Nicolás Romero, Crescencio Morales, Luis Robredo, Félix Bernal, Francisco Serrato, Donaciano Ojeda, Luis Carrillo y muchos más. Durante y después de las acciones bélicas se dedicó al periodismo; redactó periódicos como El Monarca y El Pito Real, los versos de "Adiós, mamá Carlota"; novelas, obras teatrales y la monumental obra México a través de los siglos, en donde encontramos numerosas citas de las aquí reseñadas.


De sus jefes destacó notablemente Nicolás Romero, prototipo de los Chinacos, diestros en el manejo de la lanza y la reata, a la que los invasores le tenían no miedo ¡pavor!, pues con ella eran manteados o lazados y arrastrados a cabeza de silla; no pedían ni daban cuartel en los combates, pero eran generosos con los vencidos. Cabalgaban por las noches grandes distancias sorprendiendo al enemigo. Su bien organizada táctica de guerrillas obligaba a los franceses a estar en constante alarma, hasta que terminaron por obligar la retirada de sus tropas. Romero, a quien conocían como "El león de las Montañas" o "El rey de los guerrilleros", nació el mes de diciembre en Nopala, ahora Hidalgo. Era, al igual que lo siguen siendo los charros contemporáneos de la región, un notable jinete. Le encantaba bullir su caballo, arrancarlo y rayarlo con singular donaire. Entre sus numerosos hechos de armas, se cuenta que atacó a la vanguardia de las fuerzas del general Leonardo Márquez, por los flancos, con solo cuarenta hombres, dejando tendidos en el campo más de cien cadáveres antes que los imperialistas se reorganizaran. Al iniciarse la guerra contra los franceses, servía en una Fuerza del Segundo Distrito del Estado de México, correspondientes a esa zona, sitio en el que aprendió el arte de la guerrilla. Al fin Charro, dejando a un lado las acciones armadas, participando en una charreada, cayó con todo y caballo, lastimándose una pierna. Ese día, un destacamento francés atacó el lugar huyendo todos desordenadamente. Al día siguiente, un zuavo, persiguiendo un gallo en la cañada de Papazindán, lo descubrió en lo alto de un pino, lo hizo prisionero remitiéndolo a la Plaza de Mixcalco, en la Ciudad de México, donde el bravo guerrillero fue pasado por las armas envuelto en un sarape de Saltillo, el 18 de marzo de 1865. Los Charros de México y de Hidalgo, el mismo día, pero de 1929, develaron una placa en su honor y, en 1996, colocaron en su pedestal, en la Plaza principal de Nopala, una estatua ecuestre de este ilustre Chinaco.

jueves, 21 de enero de 2010

Nicolás Romero es nuestro

Ciudad Nicolás Romero, 20 Ene 2010.- Nacida originalmente como una columna del periódico El Informativo, "Nicolás Romero es nuestro" se transforma en http://www.nr-nuestro.com para instalarse en Internet y a partir de ahora publicar aquí las noticias más importantes que ocurran en nuestro municipio, de una manera libre y distinta de las versiones oficiales, y al mismo tiempo ofrecer información básica sobre este rincón del Estado de México en que nos tocó vivir.

Nicolás Romero es un municipio rico en historia, en recursos naturales y en hospitalidad, pues por su relativa cercanía con la Ciudad de México ha abierto sus puertas a miles de personas provenientes de todo el país. Desafortunadamente nada lo ha dañado más que la deshonestidad de sus gobernantes y padece un atraso significativo en cuanto a desarrollo, infraestructura y oportunidades de crecimiento para su gente.

Por ello es poco conocido en el exterior y la única referencia que uno puede dar sobre su ubicación es "pasando Atizapán y antes de Villa del Carbón". Pocos saben allá afuera que aquí hay más de 300 mil personas valiosas por su trabajo, esfuerzo y capacidad para salir adelante a pesar de los obstáculos, así que http://www.nr-nuestro.com pretende también dar a conocer a nuestro municipio en cualquier lugar del mundo donde haya una computadora.

Nicolás Romero es nuestro y entre todos debemos conocerlo, quererlo y tratar de mejorarlo, así que bienvenidos todos a este espacio y adelante, a explorarlo, revisarlo y criticarlo, pero sin dejar de mandar sus comentarios al correo provisional info.nr@hotmail.com
Imagen: Casco de la Ex Hacienda de la Encarnación, actual Universidad Tecnológica Fidel Velázquez. Tomada de http://www.nr-nuestro.com/ Agradecemos la invitación para conocer dicha página y la hacemos extensiva.

miércoles, 13 de enero de 2010

Nicolás Romero en el Monumento de los hombres ilustres del Estado de México


En 1985 el gobierno del Estado de México publicó una colección de cuadernillos sobre identidad estatal. El primero de los títulos de la colección trató acerca del “Monumento de los hombres ilustres del Estado de México.

De este monumento, nos dice que “se alza sobre el predio que sirviera como atrio del convento de la Merced y que a fines del siglo XIX fue transformado en jardín. Según datos aportados por el historiador Aurelio J. Venegas, el obelisco fue erigido en 1889, pero en la Memoria 1893 - 1897 del gobernador José Vicente Villada se informa sobre la construcción del monumento y el jardín, en el cual también fueron colocada dos fuentes ornamentales.”

En el monumento aparece una inscripción, que indica a quienes está dedicado: “El Estado de México a sus hijos ilustres”. Aparecen citados 24 personajes de la historia del Estado más otros tres figurados en medallones.

Entre los nombres de los “hijos ilustres del Estado de México, aparece el nombre de Nicolás Romero.

En el cuadernillo dedicado al Monumento de los hombres ilustres del Estado de México, aparece una breve reseña de Nicolás Romero, en dos párrafos, aunque con un error en la fecha de nacimiento, la cual atribuye el día 12, en vez del 6 de diciembre, y algunas imprecisiones en los datos:

“Nicolás Romero (1827-1865) Guerrillero Liberal, nació el 12 de diciembre de 1827. Aunque la tradición lo considera nativo de Michoacán, algunos suponen que nació en Nopala (Hidalgo) o en Nopala (Estado de México). Campesino y tejedor hasta su juventud, intervino por su valor en las campañas de Guerrero, Michoacán y México.

“Jugó un papel determinante en la defensa de Zitácuaro, cuando esta plaza fue atacada por tropas francesas. Romero formaba parte de las fuerzas comandadas por el general Vicente Riva Palacio. En 1865 fue capturado en una cañada de Michoacán, conducido a la ciudad de México y fusilado en la plaza de Mixcalco. El 18 de abril de 1898, el XVII Congreso Estatal modificó el nombre de San Pedro Atzcapotzaltongo o Monte Bajo, en el distrito de Tlalnepantla, por el de Villa Nicolás Romero, en homenaje a este vigoroso héroe de Reforma, prototipo del guerrillero liberal.”

domingo, 20 de diciembre de 2009

El león de las montañas


Corrido acerca de Nicolás Romero.

Letra: Profr. Eulalio Flores
Imagen tomada del libro “Coronel Nicolás Romero Episodios Heroicos”de Lucio Barrueta Durán y Crispín Duarte Soto


Vengo a rendir homenaje
al valiente guerrillero,
noble “León de las Montañas”
fue don Nicolás Romero.

Valeroso jinete
era chinaco gallardo
fue campesino primero
y obrero en Molino Viejo.

En el gobierno de Juárez
al servicio de la patria.
él combatió al invasor
por la causa libertaria.

Romero fue respetuosos
nunca a nadie maltrató
implacable con los traidores
fue un militar de honor.

El sobrenombre lo lleva
por sus valiosos embates,
era indomable en la lucha
noble después del combate.

El invasor extranjero
lo acusaba de bandido,
yo soy un buen mexicano
a mi patria he defendido.

Óyeme bien Lamadrid,
sorprenden al guerrillero,
Papatzindán Michoacán
lo vio hacerlo prisionero.

Después de tantas batallas
y del valor demostrado,
el día 18 de marzo
Romero fue fusilado.

Adiós Nicolás Romero
no olvidaré tus hazañas
adiós, adiós coronel
noble “León de las Montañas”.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Nicolás Romero, guerrillero de la Reforma.


Uno de los biógrafos de Nicolás Romero fue Antonio Albarrán, quien nació en Toluca hacia el año 1865. Fue un importante pedagogo del Estado de México. El trabajo dedicado a nuestro personaje es “Nicolás Romero, guerrillero de la reforma”, publicado originalmente en 1895.


Nicolás Romero, guerrillero de la Reforma no se trata de una biografía en toda forma, es más bien una semblanza literaria escrita con amor y con los pocos datos que su autor pudo recoger personalmente de aquellos que conocieron al León de las Montañas. Pese a todo, sigue siendo uno de los documentos más importantes para conocer a nuestro personaje.


A continuación reproduzco un fragmento del capítulo tercero de Nicolás Romero, guerrillero de la Reforma, donde se describe a Romero, tanto en su fisonomía como en sus actitudes y gustos.


Recientemente se publicó una versión de Nicolás Romero, guerrillero de la Reforma, la cual pueden adquirir en la librería El Templo de Delfos, en la Avenida 16 de Septiembre No 17, colonia Hidalgo (El Charco), en Nicolás Romero.


Título: Nicolás Romero, guerrillero de la Reforma.
Autor: Antonio Albarrán
Cuadernos de Identidad, Nicolás Romero, México, mayo del 2009.


Ilustración: Nicolás Romero. Pintura propiedad del Ayuntamiento de Nicolás Romero, Estado de México.

Nicolás Romero era en esa época un hombre de treinta y seis años, de estatura mediana, de complexión dura y vigorosa, pero de proporciones no desmesuradas; usaba el pelo muy corto, tenía los ojos pardos, facciones comunes y bigote negro y escaso; su tez era de un pálido moreno, en la que las viruelas habían dejado a trechos ligeras huellas. Usaba por lo común pantalón, chaleco y chaqueta de una misma tela y de igual color, gris o negro; su sombrero llevaba una cinta angosta de plata en el borde y un cordón plateado alrededor de la copa. Sus modales eran comedidos, su andar reposado, hablaba poco y sin precipitación. Ni en su porte ni en su fisonomía presentaba nada de extraordinario, nada de excepcional, nada, en suma, que denunciase en él al indomable e intrépido combatiente cuyo nombre pasaba de boca en boca, así entre amigos, como entre enemigos. Sólo un observador atento habría podido sorprender en el semblante de Romero un vislumbre de su reconcentrado carácter, una chispa de ese fuego que encendía su sangre a la hora del combate. Su impasible rostro sólo mostraba una cosa viviente: los ojos; sólo una cosa movible: los labios.


Estas dos partes de su fisonomía eran las únicas en que podía traducirse el estado de ánimo de aquel hombre. Cuando ningún sentimiento anormal turbaba su espíritu, sus miradas eran serenas y su boca permanecía inmóvil y con su expresión habitual de indiferencia; pero si algo llegaba a provocar su cólera, el ojo se dilataba al instante, se inflamaba la mirada, y los labios en su temblor casi imperceptible, revelaban una agitación interior pronta a estallar. La ira, el entusiasmo, la indignación, todo le asomaba al rostro, por los ojos y los labios únicamente; el resto de sus facciones parecía de bronce; jamás se notaba en ellas la menor contracción muscular, excepto a la hora de la acción, a la hora en que todo el organismo excitado y vibrante, parecía convertirse en una pila eléctrica que fortalecía con sus efluvios a los defensores de la República que militaban bajo sus órdenes. Antes de que su personalidad adquiriese tan marcado relieve, Romero era afecto a los bailes populares del país y mostraba en ellos grande habilidad, pero cuando el recrudecimiento de la guerra llevó su atención a más serios cuidados, fue poco a poco renunciando a su diversión favorita, hasta abandonarla por completo.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Nicolás Romero

Nació el 6 de diciembre de 1827, en un país que apenas buscaba su propia identidad, que se encontraba en total desorganización y con grupos confrontados por llevar su proyecto de gobierno o por alcanzar el poder. No se creaban aún varios de los estados que en la actualidad existen, por eso le tocó nacer en el enorme territorio del Estado de México, pero su lugar de nacimiento, el pueblo de Nopala, se encuentra en el actual Estado de Hidalgo, mismo que fue creado luego del triunfo de la República, unos años después de la muerte de Nicolás Romero.

Su niñez y juventud se pierden en el anonimato del pueblo. Encontramos su rastro, muy difuso y carente de información. Se dedica a las labores del campo, aprende el oficio de tejedor. Junto con sus padres, deja su tierra en busca de mejores perspectivas.

Trabaja como obrero textil en Contreras. En San Ángel aprende apenas a leer. Llega al rumbo de Monte Bajo, para trabajar en Molino Viejo, en la fábrica de la Colmena. Allí, un día de fiesta, tiene una fuerte discusión que llega a riña. Romero, en la batalla, hiere a su contrincante. Se sobresalta y huye antes que la autoridad intente detenerlo. En el camino, al sentirse perseguido, roba un caballo. Llega a Atizapán, donde encuentra alojamiento seguro. Los amigos del fugitivo toman mayores informes sobre el caso, y llega a su conocimiento que no sólo buscan a Romero por la riña que tuvo, sino que también tratan de procesarlo a instancias del comerciante Manuel Echávarri, quien lo acusa de asalto y robo, pues él es el dueño del caballo en que Nicolás Romero huyó.

Es un momento decisivo en la vida de Nicolás Romero. Lo persiguen por bandolero y tarde o temprano, si no pone distancia de por medio, lo alcanzará el brazo de la justicia a instancias del rencor de Manuel Echávarri. Puede regresar a su pueblo natal o buscar mejor suerte en lugares lejanos, puede intentar un cambio de nombre y comenzar como otra persona, o puede unirse a la lucha que se vive en el país entre conservadores y liberales, para cooperar con su grano de arena en el camino que debe tomar la nación y al mismo tiempo mantenerse a buen resguardo.

No lo piensa más. Llega a los rumbos del Ajusco, donde se une a las fuerzas de Aureliano Rivera, uno de tantos jefes de guerrilla liberales. Con él da inicio a su carrera militar desde el puesto más humilde, pero con la enjundia y ánimo guerrero que de inmediato reconocen sus superiores, por lo cual es pronto ascendido en el organigrama militar. Participa en la guerra de los tres años y sería de los primeros en entrar triunfante a la ciudad de México en la Nochebuena del año sesenta.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Un corrido acerca de Nicolás Romero


Acerca de Nicolás Romero existen varios corridos, siendo quizá el más conocido “Corrido del gallo giro, Nicolás Romero”. Este corrido aparece en diversa recopilaciones de la canción y el corrido mexicanos, una de ellas la realizada por Antonio Avitia Hernández “Corrido histórico mexicano”, que en su tomo uno lo presenta.


De este libro, tomamos la nota correspondiente al corrido de Nicolás Romero y reproducimos el corrido.


Autor: Antonio Avitia Hernández.
Título: Corrido histórico mexicano. Tomo 1, 1810 – 1910.
Editorial Porrúa, colección “Sepan cuantos…” Núm. 675. México, 1997.
Páginas 120 – 122.

El campesino y artesano Nicolás Romero, alias El Gallo Giro (1825-1865) (el año correcto de su nacimiento es 1827. Nota del autor del blog) participó en la guerra de Reforma, con las guerrillas de Aureliano Rivera y al triunfo de los liberales volvió al trabajo.


Romero se alistó para combatir a la Intervención Francesa presentándose a las órdenes del coronel Vicente Riva Palacio, a la cabeza de 100 jinetes.


Romero actuó contra los franceses en guerrero, Michoacán y en el Estado de México y con sus fuerzas llegó a merodear la capital del país. En Tacámbaro y San Juan del Río obtuvo notables triunfos y fue uno de los principales guerrilleros republicanos, también. Tomó parte en la defensa de Zitácuaro. En 1865 fue hecho prisionero en una ranchería de Michoacán, en la Cañada de Papazindán, se le condujo a la ciudad de México y fue fusilado en la plaza de Mixcalco, a unas cuadras del Palacio Nacional, el 18 de marzo de 1865.


Corrido del Gallo Giro, Nicolás Romero.

Viene Nicolás Romero,
Como valiente y osado,
con Aureliano Rivera
Que al mocho ya ha derrotado.

Es impetuoso y ardiente,
Y combate con valor
Al francés y al mexicano
Que se ha unido al traidor.

En cien acciones de guerra
Como valiente ha lucido,
Michoacán fue ya testigo
De sus hechos singulares.

–Ahora sobre ellos, muchachos
–grita Nicolás Romero–,
vamos a desbaratarlos
cual manada de borregos.

El francés retrocedía,
cuando miraba al valiente,
que con grandiosa osadía
con su guerrilla combate.

Ganó en acciones de guerra,
y combatió valeroso,
con su espada que blandía
se portó como un coloso.

Michoacán fue la guarida,
fue el sitio de sus hazañas;
y como buen guerrillero
tuvo siempre buenas mañas.

Era el rayo de la guerra
ese rústico campeón,
y no había otro tan valiente
en todita la nación.

Los franceses le temieron,
porque él no conocía el miedo,
y a su nombre a más de cuatro
se les arrugaba el cuero.

En las guerras contra Francia
fue el primero entre los bravos,
ya que siempre repetía:
–México no tiene esclavos.

En Tacámbaro y por Ario,
y lo mismo en las montañas,
se batió como guerrero;
grandes fueron sus hazañas.

Riva Palacio decía:
–Ahora sí que venceremos,
viene Nicolás Romero,
y a franceses coparemos.

Toditos los combatientes
reconocieron su hombría,
y él en su caballo moro
su machete así blandía.

Estando ya por Zitácuaro,
le vinieron a decir
que el francés con sus legiones
lo atacaba y debía huir.

Él les respondió altanero:
–Combatiré con denuedo,
yo soy puro mexicano,
y no conozco yo el miedo.

A inmediaciones del pueblo
fue la acción y la perdieron
los valientes de romero,
que a la mala sucumbieron.

Él ya sólo busca abrigo
en las ramas de árbol grande,
mas al fin lo descubrieron,
sin que él pidiera las frías.

Un gallo lanzó un volido,
n'el árbol buscó refugio,
cuando vio que perseguido
se le llegaba su turno.

Esa fue su perdición
y no hubo ya componendas,
y sorprendido en el punto
le pusieron centinelas.

Lo trajeron prisionero,
a la mera capital,
y sin ningún miramiento
le aplicaron el dogal.

En la plaza de Mixcalco,
al sonido de la diana,
fue matado aquel valiente
a la luz de la mañana.

Antes de la ejecución
–¡Viva México! –decía–,
mátenme, que al cabo a ustedes
se les llegará su día.

El año sesenta y cinco,
miren lo que sucedió:
un valiente entre los bravos,
por valiente se murió.

Nicolás Romero fue
el guerrillero afamado
que con nobleza y valor
por doquiera fue aclamado.

Vuela, vuela, palomita,
llévale la despedida
a ese que murió luchando
por la patria tan querida.

martes, 1 de diciembre de 2009

Nicolasromerenses: el gentilicio de los habitantes de Nicolás Romero, Estado de México.

En 1898, como un homenaje al guerrillero Nicolás Romero, el pueblo de Monte Bajo cambió su nombre y su categoría política: De pueblo se le elevó a Villa, y de ser Monte Bajo cambió a Nicolás Romero.

Sin embargo, la Villa Nicolás Romero no era todo el municipio, sino exclusivamente la cabecera municipal. El municipio se llamó Nicolás Romero simplemente.

A quienes vivían o eran originarios del municipio parece no haberles interesado cuál era su gentilicio y por mucho tiempo se usaron indistintamente “nicolaítas” y “nicolaenses”, para referirse a los habitantes de Nicolás Romero.
En los años ochentas del siglo XX, sin embargo, empezó a darse la preocupación por cual era el gentilicio correcto. Cómo debía llamarse a quienes habitamos este municipio. Algunos decían nicolaíta y otros nicolaenses, y en ambos casos buscaban justificarlo. Pero entonces, surgió una opción más: el gentilicio debía abarcar no sólo el nombre (Nicolás), sino también el apellído y por consiguiente debía ser nicolasromerense.

Y en estas pugnas, por lo que se refiere al gentilicio, pasamos los años noventas y llegamos al nuevo milenio.

Un gentilicio es el nombre que a sí mismos se dan los habitantes de una región. Pero como no siempre quieren bautizarse o no siempre llegan a un acuerdo, queda la solución de que las autoridades creen el gentilicio por decreto. Eso pasó en el Estado de México, donde éramos “mexicanos dos veces, por patria y provincia, y era doble honor” hasta que alguien se le ocurrió inventar eso de mexiquense; se impuso desde el gobierno y en mexiquenses quedamos.

En Nicolás Romero, el cabildo municipal decidió en el año 2000 que somos nicolasromerenses. Y aunque muchos todavía usan nicolaitas y hasta nicolaenses, el Bando Municipal establece que somos nicolasromerenses y eso seremos mientras a otras autoridades no se les ocurra un nombre diferente.

Nicolasromerense quedó establecido desde el 5 de febrero del año 2000 en el Bando Municipal.

Ilustración: Nicolás Romero en el Estado de México y en México

Carlota Contenta por la captura de Nicolás Romero

La más completa documentación e información en torno a la figura de Benito Juárez, la ha reunido Jorge L. Tamayo, en su obra “Benito Juárez documentos, discursos y correspondencia”. Se trata de una extensísima recopilación de documentos que no solamente nos hablan de Juárez, sino de toda la época.

Nicolás Romero participó en la época de la Guerra de Reforma y la Intervención Francesa, pero la documentación en torno a él es más bien escasa. En los documentos recopilados por Jorge L. Tamayo, encontramos apenas una carta de la emperatriz Carlota, dirigida a la emperatriz Eugenia, en la menciona muy de paso, pero con alegría, la captura de Nicolás Romero.
En la presentación de los documentos, dice Jorge L. Tamayo:

“Al finalizar febrero envía Carlota una nueva carta a Eugenia que comienza reconociendo que no moja su pluma en tinta negra. Ha caído Oaxaca, ha muerto Antonio Rojas, el famoso guerrillero jalisciense; Nicolás Romero el guerrillero que amagó las afueras de la ciudad de México, ha sido capturado y más tarde también será fusilado.

Carlota está contenta, pero no relaciona la ola favorable a la primavera que se anuncia; no piensa que los nuevos pensamientos surjan "por el aire de felicidad que se expande en la naturaleza".

A continuación, presento la carta de Carlota, reproducida por Tamayo:


Título: Benito Juárez documentos, discursos y correspondencia. tomo 9, cap CXL documento 10.Jorge L Tamayo. Edicion digital.

10


CARLOTA CONTENTA POR LA CAÍDA DE OAXACA Y LA CAPTURA DE NICOLÁS ROMERO


Chapultepec, febrero 24 de 1865
A V. M. la emperatriz Eugenia

Señora, hermana mía:



Estoy feliz al poder hoy mojar mi pluma en una tinta un poco menos negra, pues desde la partida de la delegación a Roma, la situación ha vuelto a ser la de hace dos meses. Comienza la primavera pero no me parece que los nuevos pensamientos surgen por el aire de felicidad que se expande en la naturaleza.

La toma de Oaxaca, realizada con esa profunda habilidad y ese cálculo de maestro que siempre he admirado en el mariscal, la muerte de Rojas, la captura de (Nicolás) Romero el famoso guerrillero que rondaba impunemente tan cerca de México, en fin, otros diversos éxitos logrados sobre las bandas, en particular la de Simón Gutiérrez y de Martínez, han contribuido a restablecer los hechos. Ya era tiempo pues, por una sola maniobra dudosa, no quiero decir desgraciada, los bandidos se enardecen a tal punto que tenemos a todo las pasiones y supongo que tampoco la tolerancia pasará inadvertida. El Sr. Lares ha llevado sus opiniones conservadoras hasta querer demostrar que a los extranjeros que venían a México no les interesaba ejercer su culto pues lo único que los atrae es el dinero; que se acomodarían perfectamente sin religión y que no veía el motivo de que todo no pudiese continuar así. ¡Singular razonamiento para un hombre sensato y religioso! El Sr. (López) Uraga le contestó muy bien diciendo que ese era el camino directo hacia el ateísmo y la indiferencia y que le parecía mejor que las personas que admiraban al verdadero dios ejerciesen su culto antes que no tener ninguno.

Se dice, señora, que en Francia sopla él viento de las economías en el presupuesto del ejército. Nada más satisfactorio para todos que ver que ese gran país aprovecha sus recursos y México se sentirá siempre feliz de contribuir a ello, pero, sin querer volver sobre todo lo que ya me he tomado la libertad de exponer anteriormente, ruego a V. M. tenga presente dos cosas: la primera, que cada medida gubernamental ejecutada representa aquí una sacudida y que las reformas representan revoluciones sociales; la segunda, que las bandas de guerrilleros no son hijas de nada previsto, sino que se generan por una especie de generación espontánea y que antes de mucho tiempo no podremos desembarazarnos de ellas.

Estados Unidos continúa en mala disposición y quiere mantener sus cónsules ante la "República Mexicana". No es asunto de gran importancia pero sí tiene el valor de un síntoma y como tal llamo la atención de V. M.

Acabo de ser interrumpida por la llegada de Mr. Bonnefond a quien me presentó el emperador y conversé un momento con él. Me trasmitió varias cosas amables de VV. MM. y creo que si mi respuestas pudieran oírse en París, no serían menos calurosas; lo que se tiene en el corazón debe expandirse. El mariscal vuelve mañana. Le he enviado un gran cordón de parte de mi padre y espero que esté muy satisfecho.

El martes de carnaval doy un baile de disfraces. El Gral. Manssion y su esposa han llegado pero aún no los he visto. No puedo dejar de reiterar a V. M. la gran estimación que nos inspira el carácter consciente y honorable y el estricto amor al deber del Gral. L'Herillier.
Durante los dos meses que ha manejado los asuntos se ha desplegado una gran actividad y fueron, justamente, los meses de la fuerte crisis que atravesamos, pues el mariscal partió la víspera del pronunciamiento de vicario.

El Gral. L'Herillier está dispuesto a continuar al servicio de México; como tengo mi parte de responsabilidad en esta decisión me dirijo de nuevo a V. M., para pedirle que, si es posible, acceda a ello, Los mexicanos lo quieren, lo respetan y esto es mucho decir.

Hace poco, dos ministros me hicieron el elogio de su justeza y de sus buenos procedimientos. Hasta ahora sólo al Gral. Brincourt habían elogiado así. A propósito de éste no puedo dejar de renovar mi pesar al ver que no se lo emplea más activamente, pues varias personas que lo conocen de cerca me han confirmado la opinión que tenía sobre su capacidad militar fuera de lo común, cosa que, por otra parte, justifica la particular bondad que tiene para con él el emperador que sabe juzgar a los hombres. Sólo se comenta que a raíz de ciertos acontecimientos del año pasado se ha agriado un poco, cosa que se percibe en las pocas relaciones que fomenta.

Por el último barco he enviado a V. M. un álbum de fotografías de ruinas mexicanas que creo pueden ofrecerle algún interés. El capitán Garcin y su esposa, Sra. Montholon, vuelven a Francia por ese barco. Si V. M. desea conversar con Mr. Garcin le relatará muchas cosas interesantes; es un joven sensato, de buenos sentimientos y justo en sus apreciaciones. Bajo todos los puntos de vista, creo que su esposa no ha elegido mal pues parece de sólidos principios y la pareja hasta ahora es muy feliz. Recomiendo a estos dos jóvenes a V. M., pues como se casaron bajo nuestros auspicios, naturalmente me interesa su porvenir. Mr. Garcin piensa ver al mariscal Forey en Lorena.

(Carlota)


Carta inconclusa, original en francés.
Ilustración: Maximiliano y Carlota.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Nicolás Romero: Historia y literatura.


Nicolás Romero es uno de los personajes de nuestra historia que se ha mantenido vigente, en gran medida, por la leyenda que se forjó en torno a él. Fugitivo de la ley, guerrillero, excelente jinete, bailador, prototipo de los chinacos, orígenes humildes, simple obrero textil, terror de los franceses, benemérito del Estado de México, personaje de la historia y de la novela.
Héroe para unos, simple bandolero para otros, su personalidad es contradictoria, lo que lo hace más humano. Igual lo consideran de aspecto simple, gris, alguien que puede pasar desapercibido o se habla de él como temerario guerrillero, el león de las montañas, capaz de las acciones más audaces y sorpresivas.
Algunas de sus hazañas las cuentan poco tiempo después de su muerte los escritores de la época. Vicente Riva Palacio, quien fuera su jefe militar, lo incluye en su novela Calvario y Tabor, publicada en 1868; Juan A. Mateos le dedica ese mismo año un capítulo de su novela El Cerro de las Campanas, además escribe uno de los capítulos de El Libro Rojo, de 1871, donde narra la captura de Romero.
José María Iglesias lo menciona en sus “Revistas Históricas sobre la intervención francesa en México”, desde una perspectiva liberal, llamándolo “el jefe constitucionalista Romero”, en tanto que la visión conservadora, a cargo de Francisco de Paula de Arrangoiz en su libro “México desde 1808 hasta 1867” lo menciona como autor de grandes crímenes.
Juan de Dios Peza, el más afamado poeta de fines del siglo XIX, le escribió un poema El prisionero de Papatzindán y en sus memorias acerca del peródo de Juárez le dedicó un capítulo. En ambos trabajos nos cuenta algunas de las anécdotas que fueron formando la leyenda de Nicolás Romero y en especial narra su fusilamiento en la Plaza de Mixcalco, de la Ciudad de México. Cabe hacer mención que Juan de Dios Peza, poco antes de cumplir trece años de edad, presenció el fusilamiento de Romero.
Unos treinta años después de la muerte de Nicolás Romero, Antonio Albarrán le dedica una biografía “Nicolás Romero, guerrillero de la reforma” y Victoriano Salado Alvarez, en sus Episodios Mexicanos, novela histórica extensísima que da cuenta de la situación del país desde la época de Santana hasta Porfirio Díaz, le dedica un capítulo donde lo describe, rememora algunas de sus hazañas y cuenta los sucesos de los días previos a su captura.
Algunos novelistas actuales le han dedicado pasajes y capítulos en sus obras. Paco Ignacio Taibo II, en su “La lejanía del tesoro”, nos lo presenta en compañía de Vicente Riva Palacio. Por su parte, Fernando de Paso hace varias menciones de Nicolás Romero en su novela “Noticias del imperio”.
Nuestro municipio, como un homenaje, lleva su nombre desde 1898. Aquí se han publicado algunos trabajos biográficos más o menos extensos, entre los que cabe destacar el de Xavier I. Esparza Santibáñez: “El Coronel Nicolás Romero, Benemérito del Estado de México”.
Otra biografía sobresaliente acerca de nuestro personaje la escribieron Lucio Barrueta Durán y Crispín Duarte Soto: Coronel Nicolás Romero, episodios heroicos.


Texto tomado de Cuadernos de Identidad
Autor: José Galván Rivas
Nicolás Romero, México, 2009.
(Lo pueden adquirir en la librería El Templo de Delfos, en Av. 16 de Septiembre No. 17, Col Hidalgo (El Charco), Nicolás Romero, México.

Ilustración: Coronel Nicolás Romero. Tomada de la portada del libro “Coronel Nicolás Romero, episodios heroicos” de Lucio Barrueta y Crispín Duarte Soto, Estado de México, 1998.

sábado, 28 de noviembre de 2009

El León de las Montañas


Nicolás Romero nació el 6 de diciembre de de 1827 en el actual municipio de Nopala de Villagrán, en el Estado de Hidalgo; en aquel entonces ese territorio formaba parte del Estado de México. Durante la Guerra de Reforma se unió a las fuerzas liberales y como guerrillero llevó una carrera en permanente ascenso. En 1865, durante la Intervención Francesa, fue capturado en Papatzindán, Michoacán y llevado a la ciudad de México, donde se le hizo un juicio militar por parte, para finalmente sentenciarlo a muerte. Murió fusilado el 18 de marzo de 1865, en la Plazuela de Mixcalco, en el centro de la Ciudad de México.


Diversos autores de la época, escribieron acerca de Nicolás Romero, reconociéndolo como uno de os guerrilleros más importantes y temidos por el enemigo. El poeta Juan de Dios Peza publicó en los primeros años del siglo XX un libro con sus memorias en torno a Benito Juárez y allí aparece un capítulo dedicado a Nicolás Romero. De ese capítulo, les presento un fragmento.

Título: Memorias. Epopeyas de mi patria: Benito Juárez
Autor: Juan de Dios Peza.
Factoría Ediciones, México D.F., 1998.

Entre los guerrilleros que con ejemplar arrojo combatían la intervención francesa, descollaba Nicolás Romero.
Era un hombre de treinta tres años, sencillo, modesto, sin otra ambición que la de luchar sin descanso contra el enemigo extranjero, sin medir los peligros ni contar a los contrarios.
Vivía como las águilas, entre las rocas escarpadas de la sierra, sirviéndole de almohada muchas veces la montura que quitaba a su caballo consentido, que junto a él quedaba velándolo, y que ya estaba enseñando a despertarlo al primer ruido o al ver aproximarse a alguno cerca del sitio donde descansaba su amo.
Vestía siempre de negro, con el pelo cortado al rape, el rostro afeitado, sin ninguna insignia militar que denotara rango, categoría o superioridad entre sus compañeros.
Había servido con el bravo Aureliano Rivera, a cuyo lado se batió muchas veces con denuedo, y luego se fue con el general Vicente Riva Palacio, a quien profesaba verdadero culto de cariño y de respeto filial.
Prudente, callado, con la apariencia de campesino y la cautivadora humildad de un ser bondadoso, servicial y tímido, nadie, al mirarlo, comprendía su bravura ni sus ardides para lograr el éxito en los combates.
Sus proezas en Venta del Aire y en Angangueo le habían hecho popular y temible, y desde encopetados cortesanos hasta los peones de los ranchos más insignificantes, sabían que a la hora de batirse admiraba con su calma estoica y con la habilidad no aprendida con que burlaba los planes del enemigo.
Sus ojos penetrantes y vivos, relampagueaban bajo el ala negra del ancho sombrero que llevaba siempre hundido sobre las cejas.
En ese incomparable y hermosísimo vergel de nuestra República que se llama el Estado de Michoacán, y especialmente en el tantas veces heroico Zitácuaro, no se perderá la memoria del audaz guerrillero, a quien los franceses denominaban con justicia: el león de las montañas. Era el mejor soldado y el amigo más adicto a Riva Palacio.
Con Romero brillaban como valientes, dignos de su predilección, Filogonio Gutiérrez, que murió en Tacámbaro; Silvano Gómez y Vicente Bárcena Villagrán, que perdió una pierna en campaña, los tres originarios de Huichapan; el inolvidable Luis Robredo y Modesto García, naturales de Nopala, muertos heroicamente en Tacámbaro; Bernal, que en el asalto de Uruapan, le arrebató la vida una bala que le atravesó el corazón, y Luis Carrillo, que vino a morir en Querétaro al frente de sus soldados.
Eran todos ellos incansables para la lucha, y no es posible recoger la lista de los que a su lado morían en defensa de la patria.
Héroes ignorados, no tienen tumbas donde poner como cariñosa ofrenda las coronas de laurel y encina que se consagran a los inmortales; pero la patria los bendice, los ama y reconoce que sus esfuerzos contribuyeron en mucho a darle la felicidad que ambicionaba en aquellos días de prueba.


Ilustración: “León de la montaña”, Grabado de Candelario Hernández. 2004.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Recordar a Nicolás Romero


El 6 de diciembre es el natalicio de Nicolás Romero (1827-1865), guerrillero que combatió a favor de las fuerzas liberales en la época de la Reforma y la Intervención Francesa en México. En el Estado de México un municipio lleva su nombre: Nicolás Romero. En Michoacán, también hay un municipio que lleva este nombre como un homenaje al guerrillero: Tiquicheo de Nicolás Romero.

Para recordar a Nicolás Romero, durante los siguientes días reproduciré breves fragmentos de libros en los que se le menciona. Que sirva para mantenerlo presente y rendirle un homenaje a este héroe epónimo, desde Nicolás Romero, en el Estado de México.

Título: La intervención francesa en México 1861-1867
Autor: A. Belinki.
Ediciones Quinto Sol. México, 2006. 3ª. Reimpresión.
Páginas 125 y 126.
“En el mismo Michoacán destacóse otro héroe legendario: Nicolás Romero. En su juventud había trabajado en una fábrica textil. Durante la guerra civil había luchado como soldado raso en el ejército liberal. Al igual que Juárez iba siempre vestido de negro y más bien parecía un modesto cura de aldea. Incluso entre los guerrilleros Romero se distinguía por ser un hábil jinete y un soldado temerario. Cuando el invasor andaba en su búsqueda, Romero solía enviarle notas como ésta: ‘No me busquen tan lejos; le esperaré en tal lugar’. Y efectivamente les atacaba en el lugar señalado, y siempre de improviso. Los franceses consiguieron por fin dar con él y lo fusilaron.”

En la imagen: Nicolás Romero. Pintura realizada por Genaro Roa, 1974. Propiedad del Ayuntamiento de Nicolás Romero, Estado de México.